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La localidad de Alcántara está
situada junto a un profundo barranco surcado por el río Tajo. En el año 106 d. C.,
Cayo Julio Lacer construyó en este lugar un puente único en su tiempo, siendo
una de las obras de ingeniería romanas mas importantes del mundo.
Con una altura de unos 48 metros y está sostenido por 5 pilares y dos
estribos, estos últimos, anclados a las rocosas márgenes de un profundo barranco
surcado por el viejo Anas. Destaca su pilar central y el arco que lo corona,
posteriormente almenado y modificado en 1543. Su nombre
Al-Qantarat (el puente), dio nombre a la ciudad que hoy conocemos, posiblemente
inicial campamento o asentamiento defensivo, que con el transcurso de los
tiempos, fue absorbiendo la dispersa población pre-romana de los alrededores.
El puente ha sufrido las consecuencias de los
avatares bélicos a lo largo de la historia. En 1213 los musulmanes intentan
cortarlo para evitar el paso a los ejército de Alfonso IX . En 1475 los
castellanos, ante el acoso de Alfonso V de Portugal, estaban dispuestos a
tirarlo cuando el rey portugués en un gesto que le honró, prometió dar un rodeo
en su campaña, con tal contar la Castilla que apetecía con tan singular
monumento. Carlos I ordenó su reconstrucción, modificando como ya se ha dicho el
Arco del Triunfo.
Durante la Guerra de Sucesión se voló el arco de su
cabecera que fue reconstruido en tiempos de Carlos III. Mas tarde en 1809,
durante la Guerra de la Independencia saltó por los aires su segundo arco,
quedando cortado hasta que en ocho años mas tarde, fue reconstruido en madera,
para permitir el paso de personas y mercancías. Durante las Guerras Carlistas en
1836, esta obra fue incendiada, siendo reconstruido nuevamente durante el
reinado de Isabel II.
En la orilla izquierda, se conserva un pequeño templo de la época imperial,
conocido como templo de Lácer, donde reposan los restos del arquitecto que lo
levantó. Como ocurrió con la mayoría de los santuarios conservados a pesar del
tiempo, fue consagrado y cristianizado, poniéndose bajo la advocación de San
Julián.
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Apenas
han quedado algunos vestigios de la Oliva visigoda, aunque es de
suponer que los invasores del norte reutilizaran las infraestructuras
romanas y los asentamientos poblacionales. Tras la invasión árabe,
éstos fortificaron la ciudad con cercas de pizarra que la redoeron
totalmente.
Alfonso IX de León la incorpora
definitivamente a su corona en 1213, entregándola, para su defensa a
la orden de Calatrava y posteriormente a la de Alcantara, que
estableció allí su Priorato, levantando sobre el antiguo castillo el
Conventual de San Benito.
Ante el estado lamentable que tenía la sede de la orden, los Reyes
Católicos ordenaron levantar un Monasterio, cuya construcción se
inició en 1450.
La obra
se prolongo en el tiempo contando
con una original mezcolanza de estilos.. El claustro, gótico, tiene
dos plantas según costumbre de la época. Sobresalen además, la
Capilla Mayor con impresionantes bóvedas de crucería y diversas
capillas con enterramientos de caballeros de la orden.
Las
luchas internas en las coronas de Castilla y Portugal, así como las
mutuas ingerencias de ambos reinos en la política de sus vecinos,
hicieron incrementar la importancia estratégica de la población, que
sufrió las consecuencias de los continuos enfrentamientos bélicos que
estas diferencias ocasionaron. |